El órgano más extenso de nuestro cuerpo es también uno de los más delicados y vulnerables. Por ello, hablar del cáncer de piel es fundamental para tomar precauciones y, llegado el caso, saber cómo detectarlo y tratarlo a tiempo.
“Cáncer” es una palabra incómoda, molesta, pero sería un gran error intentar borrarla de nuestro vocabulario para hacer de cuenta que no existe. Conocer las diferentes caras de esta compleja enfermedad no sólo nos ayuda a prevenirla y a enfrentarla, sino también a perderle un poco de miedo. Por eso queremos hablarle de un tipo de cáncer muy habitual: el que afecta a nuestra piel cuando sus células crecen de manera anormal.

En todos los casos, el punto de partida de esta enfermedad es la capa superior de la piel, es decir la epidermis. Una delgada cubierta protectora de las células de la piel que nuestro organismo reemplaza de forma permanente.
Hay tres clases principales de cáncer de piel: el carcinoma basocelular, el carcinoma espinocelular y el melanoma. Cada uno de ellos se manifiesta, por lo general, en partes específicas del cuerpo y de maneras particulares.

Los carcinomas de células basales suelen producirse en zonas muy expuestas a la luz del sol, como por ejemplo el rostro o el cuello. Aparecen como bultos cerosos o perlados, como lesiones de superficies planas y marrones o del color de la piel, o bien bajo la forma de úlceras sangrantes o con costras, que aparentemente se curan pero que al cabo de un tiempo vuelven a surgir.
Los carcinomas espinocelulares también tienen preferencia por las zonas que más solemos exponer al sol. ¿Cómo detectarlos? Atención con los nódulos rojos y de consistencia firme, y con aquellas lesiones planas que muestran una superficie escamosa y/o con costras.
Por último, el melanoma: éste puede presentarse en cualquier parte del cuerpo. Lo distinguimos como una mancha amarronada con pintitas más oscuras; en lunares que cambian de color, de tamaño o que sangran; en lesiones pequeñas y de bordes irregulares con zonas de color rojo, azul, blanco o rosa; en lesiones de la piel que duelen, pican o arden; y en lesiones oscuras en las palmas de las manos, plantas de los pies, yemas de los dedos o en las mucosas que recubren la boca, la nariz, el ano o la vagina.
ES FALSO…
- Que el cáncer de piel afecta sólo a las personas de tez clara. Esta enfermedad no distingue por tonos de piel.
- Que estamos exentos de sufrir cáncer de piel por el sólo hecho de no exponernos a la radiación ultravioleta (UV) de la luz solar y de las camas que se utilizan para broncearse.
ES VERDAD…
- Las personas con piel clara son más sensibles a los rayos UV y por lo tanto deben ser más precavidas. La piel clara es sinónimo de menos pigmento (melanina), una protección natural contra la radiación perjudicial. Así que si usted tiene cabello rubio o pelirrojo, ojos claros y/o pecas: a no descuidarse.
- Los antecedentes de quemaduras por el sol aumentan el riesgo de desarrollar cáncer de piel.
- La exposición excesiva al sol también es un factor de riesgo. Recuerde usar protección solar o ropa que lo cubra. Ese bronceado -que tan lindo queda- es la respuesta de la piel lesionada por la radiación UV en exceso.
- Vivir en lugares con climas cálidos y soleados, o en regiones elevadas, equivale a recibir radiación ultravioleta más agresiva.
- Hay que prestarle atención a los lunares. Ser observador sin por ello caer en la paranoia.
- El riesgo de padecer cáncer de piel es mayor si alguno de sus padres o un hermano pasó ya por esta enfermedad.
- Un sistema inmunitario debilitado nos vuelve más propensos a desarrollar cáncer de piel. Nos referimos a personas con VIH / SIDA y también a quienes recibieron algún trasplante de órgano y que por ello deben tomar medicamentos inmunodepresores.