El mal de Alzheimer, la más común de las enfermedades neurodegenerativas, no dispone de tratamientos curativos. Sin embargo, recientes descubrimientos sobre la microflora bucal abren perspectivas muy alentadoras para su abordaje.

El cerebro es una especie de máquina perfecta que controla todas las funciones de nuestro organismo. Pero, así como nos permite alardear de nuestras capacidades, también puede limitarnos severamente. La demencia es la forma en la que se expresan esas limitaciones, una de cuyas manifestaciones es la enfermedad de Alzheimer. Ahora bien, ¿cuánto sabe la ciencia acerca del origen de esta condición clínica?

¿QUÉ PODEMOS DECIR SOBRE LO QUE SE CONOCE ACERCA DE ESTE MAL? 

  1. Que el Alzheimer, al igual que otras patologías que provocan demencia, es causada por distintas enfermedades y lesiones que perjudican al cerebro.
  2. Que produce discapacidad y dependencia.
  3. Que afecta principalmente a los adultos mayores.
  4. Que ocasiona graves perturbaciones, no sólo en quienes son los portadores de este padecimiento, sino también -fundamentalmente por sus repercusiones negativas-, en el entorno familiar.
  5. Que el Alzheimer es la más común de todas las formas de demencia; aproximadamente, entre un 60 % y un 70 % de los casos corresponden a esta enfermedad.
  6. Que las diferentes formas de demencia se manifiestan mayormente en países de ingresos medios y bajos.

ACERCA DEL ORIGEN DEL ALZHEIMER

La medicina divide las causas del deterioro cognitivo en primarias y secundarias. Las primarias son las que producen degeneración (muerte) de las células nerviosas, y el Alzheimer es una de ellas. Hasta el momento la ciencia asociaba esta enfermedad a una combinación de factores genéticos, ambientales y de estilo de vida. Sin embargo, las causas aún no están determinadas con exactitud, aunque lo que se sabe es que están relacionadas con proteínas cerebrales que no funcionan normalmente y entonces inciden en el trabajo de las neuronas (las células cerebrales), las cuales pierden su conexión y finalmente mueren. Así, los científicos han identificado dos proteínas: la beta-amiloide y las proteínas tau, ambas con efectos tóxicos sobre las células cerebrales.

EL ORIGEN DEL ORIGEN

Con muy buen tino, la ciencia siempre abre varias vías de investigación. Y, en el caso del Alzheimer, ha desarrollado una hipótesis que apunta a que no sólo es producto de una enfermedad, sino también de una infección. Esa teoría ha sido reforzada por un estudio realizado por Science Advance que, además, vincula el origen del Alzheimer con una enfermedad de las encías.

Pero… ¿cómo se explicaría esta extraña relación entre la boca y el cerebro? La respuesta estaría en un patógeno (bacteria), responsable de una enfermedad conocida como “enfermedad de las encías” o “periodontitis crónica”.

Ese germen es el Porphyromonas gingivalis y, lo que ha llamado la atención de los investigadores, es su presencia en personas fallecidas con Alzheimer. En experimentos realizados en laboratorio, se inocularon oralmente a ratones con la bacteria, estas llegaron al cerebro y, en el lugar, se observó la producción de beta-amiloide, una de las proteínas que mencionamos y que están asociadas a la enfermedad.

Si bien antes se consideraba que había agentes infecciosos involucrados en el desarrollo del Alzheimer, esta es la primera evidencia sólida que permite conectarlo.

PERO, ADEMÁS… LAS GINGIPAINAS

Como dijimos antes, la ciencia no se detiene y siempre va por más. Así, los investigadores encontraron otras posibles relaciones. En efecto, en la búsqueda del origen de esta enfermedad degenerativa, identificaron también otros compuestos en el cerebro de pacientes con Alzheimer: las gingipainas, unas enzimas con efecto tóxico para las células cerebrales.

Estas sustancias, además, fueron halladas en personas fallecidas que no habían sido diagnosticadas con la enfermedad. ¿Qué significa esto para la ciencia? Que antes no tenían muy en claro si era la enfermedad de las encías la que provocaba el Alzheimer o era al revés. Entonces, lo que sugiere la presencia de gingipainas en personas no diagnosticadas, es que la podrían haber desarrollado de haber vivido más tiempo.

De este modo, sostienen, el que haya aparecido la bacteria en el cerebro, no es por falta de atención dental como consecuencia del inicio de la demencia; más bien, una manifestación previa que puede explicar su desarrollo posterior.