Por el Dr. Oscar A. Arnaud

Desde la boca hasta el recto, el aparato digestivo es un tubo más o menos alargado, de unos 8 a 9 metros de longitud. El intestino delgado y el colon (intestino grueso) son la excepción a esta regla. El colon está acodado dentro del abdomen como si fuera el marco de un cuadro y el delgado está plegado varias veces dentro de este marco que forma el intestino grueso. Esto explica cómo es que, con esa longitud, el tubo digestivo puede estar contenido dentro de una persona. Son también parte del sistema digestivo las glándulas salivares, la vesícula biliar y el páncreas. Este último, además de sustancias para la digestión (páncreas exocrino) produce la insulina (páncreas endocrino) para el control de la glucosa. Pero sin lugar a dudas el órgano más importante en el proceso digestivo es el hígado.

La digestión comienza antes de comer. Cuando vemos o pensamos en alimentos, sobre todo aquellos que más nos gustan, o nos preparamos  para comer, se nos “hace agua la boca” (interacción o reflejo cerebro-aparato digestivo). Esto es un aumento en la producción de saliva y de las enzimas que esta contiene. Al momento de ingerir comida, los dientes son los encargados de masticar y junto con la saliva y las enzimas segregadas por las glándulas salivares y parótidas, comienza ya el proceso de digestión. Higiene bucal adecuada y una buena dentadura son factores muy importantes en esta instancia. Al tragar, los alimentos son “empujados” por los músculos del esófago hacia el estómago, donde son “atacados” por el ácido clorhídrico y enzimas digestivas como la pepsina. Entonces son desmenuzados aún más. Ya en forma líquida o semi líquida, el bolo alimenticio pasa al duodeno (donde comienza el intestino delgado) y es sometido a las secreciones del duodeno y la bilis que, acumulada en la vesícula biliar, se vuelca al duodeno para ayudar en la digestión, especialmente en la de las grasas. También participan las enzimas (amilasa-lipasa) provenientes del páncreas.

Los alimentos, ahora en forma líquida, atraviesan el intestino delgado. Aquí tiene lugar el proceso de reabsorción de agua, azúcares, ácidos grasos, minerales, vitaminas y fibras que nuestro cuerpo necesita diariamente. Todo esto se denomina “metabolismo del sistema digestivo”. Además de obtener las sustancias necesarias para el crecimiento, el tubo digestivo va eliminando, por medio de la orina, las heces y el sudor, los productos de desecho. El contenido intestinal, todavía líquido para poder así pasar a través de la válvula íleo-cecal, llega al colon. Allí comienza la parte final de la reabsorción de agua, haciendo que el contenido intestinal se transforme en pastoso-blando, formando la materia fecal eliminada a través del recto.

Así, después de 45 / 50 horas de haber ingerido alimentos, nuestro organismo elimina por fin aquello que no necesita.