En Estados Unidos, el consumo abusivo de “pain killers” alcanzó las proporciones de una epidemia responsable de cientos de miles de muertes. Ciudades, pueblos y municipalidades se hartaron de esta tragedia y desataron el mayor juicio civil en la historia del país.

Hubiese sido ingenuo e insuficiente apelar a la buena voluntad de los fabricantes de fármacos para intentar detener el drama. Modificar las leyendas de los empaques y explicar mejor cuándo y cómo consumir opioides tiene un impacto mínimo si ya se creó un mercado adicto. Y sí, el mercado adicto era y sigue siendo algo tan real como la oxicodona. En el transcurso de seis años, la prescripción de “pain killers” en Estados Unidos aumentó más de un 50 %: 8.400 millones de pastillas en 2006 contra 12.600 millones en 2012.

Con muchos de los adictos escalando al consumo de sustancias ilegales como la cocaína y la heroína, la bola de nieve no paraba de crecer. La justicia empezó a mirar cada vez más de cerca al corazón de esta industria. Se examinaron las declaraciones juradas de diferentes ejecutivos de empresas farmacéuticas. Salieron a la luz correos electrónicos corporativos. Todo estaba a la vista: grandes compañías habían inundado comunidades enteras con esta clase de analgésicos poderosamente adictivos.

Cuenta una anécdota que un ejecutivo de Purdue Pharma recibió un pedido por parte de un distribuidor: 115.200 pastillas de oxicodona. La cantidad representaba el triple de una compra habitual. Fue autorizada sin chistar y el hombre nunca reportó la anomalía a la autoridad sanitaria correspondiente, algo estipulado por ley.

Y así fue que 2.000 ciudades, pueblos y municipalidades se unieron para presentar una demanda histórica en Estados Unidos contra multimillonarias corporaciones farmacéuticas señaladas como las principales responsables de esta epidemia. “Es una plaga creada por el ser humano”, opinó el juez que supervisó las demandas de los gobiernos locales. Y autorizó que se avance en la recopilación de evidencias.

En la mira hay gigantes farmacéuticos de la talla de Johnson & Johnson. También cadenas de farmacias como CVS y hasta supermercados, como Walmart. Imposible predecir el alcance de todo este revuelo, pero la bomba ya explotó. Habrá que ver hasta dónde llegan las esquirlas.

Según un estudio realizado por Clinical Toxicology, los errores de automedicación en Estados Unidos se han duplicado desde el 2000 al día de la fecha. Cada año, se producen en el país al menos 1,5 millones de errores en la prescripción de medicamentos. Un llamado de atención para todos, pero muy especialmente para los profesionales de la salud.